El festival de gratitud que florece en otoño

Cada octubre, mientras las hojas caen y el aire se vuelve más fresco, en Alemania ocurre algo muy especial: el Erntedankfest. No es un evento ruidoso, ni colmado de consumo. Es, más bien, una pausa suave y profunda para agradecer lo que la tierra y la vida han dado.

A medida que la niebla cubre los campos alemanes, esta tradición florece silenciosamente entre canciones de agradecimiento, pan casero y coronas de espigas. A diferencia del Día de Acción de Gracias estadounidense, esta fiesta se vive en clave íntima y comunitaria. Para muchos alemanes, va más allá de ser una fecha en el calendario: es un hilo cálido que teje memoria, comunidad y sentido.

¿Qué es el Erntedankfest?

Es una celebración tradicional alemana que honra la abundancia de la cosecha y el espíritu de comunidad. Tiene un fuerte componente espiritual, ecológico y cultural. Esta festividad no gira en torno a cenas enteras ni ofertas comerciales, sino al agradecimiento genuino. Es un día para detenerse, respirar y reconocer todo lo que la vida nos ofrece.

“Erntedankfest es un momento del año para realmente hacer una pausa, es un día para agradecer con el corazón”
Luise Petzold

Erntedankfest cena

¿Qué significa realmente el Erntedankfest?

Históricamente, esta festividad era una súplica para sobrevivir el invierno. Se daba gracias a Dios por la cosecha y se pedía  protección. Hoy, esa esencia permanece, aunque con un enfoque contemporáneo.

“Nos recuerda que la comida no aparece en el supermercado por arte de magia. Proviene de la tierra, del tiempo, del trabajo, del cuidado.”

— Luise Petzold

Para muchas personas en Alemania, especialmente fuera de las áreas metropolitanas, el Erntedankfest simboliza hogar, arraigo y pausa en un mundo que no se detiene.

Así se vive Erntedankfest desde dentro

Es como si el tiempo se detuviera por un día

— Luise Petzold

Los preparativos comienzan semanas antes. Iglesias y espacios comunes se decoran con frutas, calabazas, panes, espigas y flores. Los niños ensayan canciones y pequeñas obras teatrales. Cada miembro de la comunidad aporta algo. Nadie queda fuera.

Un recuerdo que se nos comparte es de la generosidad que se vive en ese día, el apicultor de la localidad regalando frascos de miel con etiquetas escritas a mano: “para ti” o “con cariño”. Un gesto sencillo que simboliza la generosidad del día.

Un día que pertenece a todos

En la comunidad donde nuestra insider pertenece, el día comienza con un servicio ceremonial, entre decoraciones de espigas, frutas y pan. Luego, los asistentes se trasladan al salón parroquial para compartir una comida comunitaria. Nadie llega con las manos vacías: hay sopas de calabaza, tartas de manzana, pan casero, ensaladas. Todo simple, todo real.

Mientras los niños juegan al aire libre, los adultos conversan con café en mano. No hay protocolo, ni exigencias. La festividad pertenece a todos.

Los símbolos que hablan por sí solos

Uno de los emblemas del Erntedankfest es la corona de la cosecha, hecha de espigas, ramas, flores. Representa el ciclo de la vida, la humildad y la abundancia, Pero el verdadero símbolo está en el acto de compartir.

“Las ofrendas del altar no son sólo decorativas: se donan después, La gratitud no se queda en el templo; se transforma en actos de compasión”

— Luise Petzold

Una fiesta viva, abierta y en transformación

Aunque el Erntedankfest sigue siendo más fuerte en zonas rurales, también se celebra en ciudades mediante mercados, conciertos y charlas sobre sostenibilidad. Cada comunidad lo adapta a su manera.

 

Incluso los recién llegados —como migrantes o trabajadores internacionales— son bienvenidos. “Cualquiera que quiera integrarse, encontrará su lugar.”

Un mensaje que trasciende fronteras

Para los latinoamericanos, puede resultar sorprendente la calma. Nada es ruidoso, pero todo se siente profundamente.

 

“Es como una fogata —no brilla como los fuegos artificiales, pero te calienta el alma”

— Luise Petzold

En tiempos de prisa, estrés y desconexión, Erntedankfest ofrece una alternativa poderosa: detenerse, agradecer, compartir. Sin estridencias, sin perfección, solo personas, comida honesta y un profundo sentido de pertenencia.

¿Te imaginas vivirlo?

La invitación es sencilla: busca un pueblo pequeño, acércate a la comunidad y déjate llevar por la serenidad de esta festividad. No verás fuegos artificiales, pero quizá te lleves un fuego interior encendido.

 

“Si nunca lo has celebrado, te diría: abre el corazón. Escucha, saborea, siente. No necesitas hacer nada extraordinario. Solo vuelve a lo esencial. Ahí es donde está lo verdaderamente pleno.”

— Luise Petzold

Para ti, que estás cuidando de otros

Quizás no creciste con el Erntedankfest, pero en él puedes encontrar algo profundamente familiar: la calidez de los gestos sencillos, la alegría de compartir lo que se tiene, el valor de mirar a los ojos y decir “gracias”.

Tú también siembras cada día —con tu trabajo, tu entrega, tu resiliencia— y mereces una cosecha de reconocimiento, comunidad y sentido.

En esta tradición alemana que celebra la gratitud y la vida, hay un espacio para ti. Para tu historia. Para tu voz.
Y para recordarte que, sin importar en qué parte de Latinoamérica estés, la raíz más fuerte es la del corazón agradecido.

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